De
Macedonia a La Habana
Por: Presbítera Anayda Díaz
El mes
de diciembre esta lleno de encantos, es diferente casi desde el
primer día. Es el mes de la Navidad, mes para meditar en lo vivido y
trazarnos nuevas metas para el año próximo. Para la congregación de la
primera Iglesia de La Habana es más especial aun ya que nuestra
iglesia cumple años y para todos los que formamos parte de ella,
esta fecha constituye, un motivo de alegría y de sano orgullo.
Hoy el
templo amaneció con sus mejores galas. Manos repletas de amor como las
de Isaac Mayol y las de Lázaro y Raquel, además de muchas otras más,
trabajaron horas y horas durante varios días para la gran celebración.
Las puertas del viejo y hermoso templo estaban abiertas desde temprano y
un gran mural con el nacimiento de nuestro Señor daba la bienvenida a
todo el que traspasaba el umbral o simplemente saludaba al que
transitaba por la calle Salud, invitándolo a entrar.
Poco a poco
los bancos se fueron ocupando. Rostros gozosos y agradecidos a Dios
estaban por doquier, algunos que no veíamos hacía algún tiempo, otros de
los ejercicios de Tai Chi, de las misiones de nuestra iglesia, de las
células de oración o de los equipos de baseball que apadrinamos. Rostros
de todas las edades colmaban el recinto y le daban un matiz especial a
una congregación convocada para celebrar la visión y entrega de tantos
hombres y mujeres durante más de un siglo. Presiden esta celebración,
pastores y laicos de nuestra iglesia que por muchos años han trabajado y
aun lo hacen, para nuestra iglesia.
La
solemnidad del momento hace que el silencio envuelva todo el santuario.
Sentimos la presencia del Espíritu Santo
entre
nosotros y escuchamos los acordes del himno “Grata Memoria”,
exquisitamente interpretado al piano y violín, para honrar a nuestros
antecesores de una manera singular, mientras desfilan por el pasillo
central con la “Luz y la Palabra”, una niña y un adolescente, símbolos
de la continuidad de la obra de Dios en el tiempo. El Kairos se
manifiesta en la presencia simultánea del pasado, presente y futuro.
Con
símbalos y pandeiros , como diría el salmista, el Grupo Villazul y el
coro de la iglesia ofrecieron alabanzas al Dios de la Historia y al
Jesús de la Vida, mientras el Espíritu
Santo se movía entre nosotros al compás de la música, haciendo que
nuestras mentes y corazones rebozaran de gratitud. A una niña fiel
de la Misión de Marianao se le dio la oportunidad de encender el árbol
de Navidad mientras entonábamos, niños y adultos,
“OH Árbol de
la Navidad”.
Basado en
el pasaje bíblico que aparece en el libro de los Hechos 16: 6-10, el
Rev. Héctor Méndez Rodríguez nos presenta el sermón:
“Dos hombres, una visión”.
Hace referencia al
Rev. Evaristo Collazo, primer
pastor de nuestra iglesia y al misionero Rev. Anthony Graybill,
con los cuales comenzó
la historia de nuestra iglesia. Fue un sermón con una buena dosis de
historia para recordar la visión misionera del Rev. Collazo y en defensa
de un hombre, un poco olvidado, que fue capaz de entender que debía
venir a nuestro país. Este pastor por imposición de sus manos ordenó al
Rev. Collazo, asumiendo esta responsabilidad ante Dios y los hombres.
Fue también un sermón reflexivo sobre aspectos en los cuales la Iglesia
Presbiteriana ha tenido una verdadera visión y señalando otros en los
cuales ésta nos ha faltado.
Se expresa
el agradecimiento a Dios por vidas como las de Collazo y Graybill, que
sembraron en aquellos tiempos, o siembran hoy, semillas que han dado
frutos y que han permitido que caigan las escamas de los ojos de muchos
de nosotros para que podamos decir: HEME AQUÍ SEÑOR……y con estas
palabras terminó el Rev. Méndez, su sermón.
Al
concluir la predicación, se devela por el grupo de jóvenes de la
iglesia, (símbolo de un presente y de un futuro con raíces profundas en
el pasado), un cuadro del Rev. Anthony Graybill. Tenemos un minuto
de silencio por su vida y todos nos unimos en un fuerte aplauso. Este
cuadro será colocado en el salón anexo al templo donde ya están los del
Rev. Evaristo Collazo y del Rev. Joseph Milton Greene, primer pastor de
nuestra iglesia, después de su reorganización el 8 de diciembre de
1901.
Escuchamos
la melodía del himno Castillo Fuerte, magistralmente interpretado
por el grupo “Anima Voice” y sentimos que este día de aniversario
quedará guardado en nuestras mentes y corazones por siempre. Tenemos la
certeza de que recordando nuestras raíces y honrando a estos hombres
iniciadores de la obra presbiteriana, conociendo de su compromiso y
sacrificio y también del de otros que los sucedieron, seremos
mejores personas y nos proyectaremos hacia el futuro con la esperanza y
la confianza de seguir adelante con nuestra misión y con la vista fija
en nuestro Señor y Salvador.
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Dos Hombres y una Visión
->Sermón
por aniversario 4 del 12 del 2011.pdf 47 KB